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El artista como creador de imágenes (en defensa de la estampa digital)
Publicado en Artículos
14/06/2007
Aquella mañana fue divertida en el aula. La profesora paseaba delante del encerado con un libro verde que mantenía abierto en su mano y del que leía remarcando y alargando las sílabas: - La vaca muge, el burro rebuzna, la oveja bala ...
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Los niños nos esforzábamos en dar a nuestra caligrafía la forma más redonda posible sin salirnos de las dos rayas que el cuaderno nos marcaba en sutiles azules o verdes. El uso del lápiz aún acompañaba a nuestra mano, lo que permitía corregir el resultado. Sin embargo recuerdo la cabeza torcida, los ojos como platos y la lengua tocando con su punta la comisura de los labios de mi compañero de pupitre, como uno de los iconos del esfuerzo infantil por intentar hacer las cosas bien. Aquellas mañanas de dictado, enfrascados en la redondez de las oes, en la alturas de las tes y en las profundidades de las pes, no reparábamos demasiado en la profunda verdad que se nos decía, simple sin duda, pero irrefutable. Tiempos sencillos en los que otro ponía la verdad y las posibilidades no iban más allá de dos rayas horizontales, siempre en sutiles azules o verdes. Pasado el tiempo uno está inmerso en la sociedad del "no dejar morir el niño que todos llevamos dentro", "la televisión basura y la alimenticia", "el pensamiento único", "la moda unisex", "la talla única", "la defensa fundamentalista de todo, que abarca desde el deporte a la religión"... Ahora que el pensamiento parece fagocitado por la opinión, y el conocimiento por el hipermercado, le dan a uno ganas de hacer tabla rasa, si pudiera, y volver a las dos rayas horizontales, aunque sus azules o verdes no fueran sutiles. A veces, en el colmo del pesimismo, uno piensa que la infantilización de talla única en la que parece vivir no es sino un camino marcado con dos rayas sutiles. Como en las mañanas de aula otros dictan la verdad, y mi compañero de pupitre, sin reparar en ella, tuerce la cabeza, abre los ojos y saca la lengua tocándose con ella la comisura de sus labios. Por más que se esfuerza, uno no recuerda si tras "la vaca muge, el burro rebuzna, la oveja bala...", la profesora nombraba al ser humano, e inmediatamente después decía: - "habla". Probablemente, no. Al autor de aquel libro verde que la profesora usaba para hacer el dictado debió parecerle aquel "el ser humano habla" como una verdad a medias, no irrefutable como lo eran las otras. Y tenía razón. Las formas en que el ser humano se expresa son variadísimas, múltiples. Tanto o más como las formas en las que el ser humano se manifiesta. En cuanto a la vida privada, el ser humano se manifiesta en tanto que padre, madre, hermano, heterosexual, homosexual, consumidor o espectador de teatro, por ejemplo. En cuanto a la vida social, el ser humano se manifiesta en tanto que comprador del pan, vecino, desconocido, extranjero, etc. En cuanto al trabajo se refiere, el ser humano se manifiesta en tanto que fontanero, conductor de autobús, albañil, informático, etc. Así, a cada manifestación del ser humano, le corresponden una o más formas de expresión. Cada una de éstas se ve alterada, además, por aquéllas otras con las que convive. Los tecnicismos gremiales, los localismos, el contexto, el gesto, la posición social, la posición física, la edad, la educación, etc. también influyen en la comunicación entre las personas. Así, llevado al infinito, a cada ser humano le corresponde una forma única e individual de ser, manifestarse y expresarse. A pesar del esfuerzo que hacíamos al escribir al dictado para no salirnos de las dos rayas horizontales, cada cuaderno presentaba, al acabar, grandes diferencias en la redondez de las oes, las alturas de las tes y las profundidades de las pes. Estas diferencias eran leves dentro de un mismo cuaderno y grandes entre cuadernos de diferente autor. Arte es la forma de expresión del ser humano manifestado como artista. Aquel dictado se habría tornado infinito si el autor del libro verde se hubiera empeñado en dar lo que él consideraba verdades absolutas: -...la oveja bala, el presentador del telediario lee, el alérgico estornuda, el médico se equivoca, el fontanero se retrasa, el artista hace arte, el ascensorista está en paro, etc. Nuestra profesora hubiera envejecido dictando aquello. Una pena. Nuestra profesora envejecida y las verdades absolutas mezcladas con las opiniones, pero dictadas como verdades. Sólo el diccionario parece sacarnos, a veces, de las dudas semánticas y nos devuelve al mundo de las verdades absolutas: arte (l.) 1. Conjunto de procedimientos para producir ciertos resultados (en oposición a ciencia, considerada como puro conocimiento independiente de toda aplicación, y a naturaleza, considerada como potencia que produce sin reflexión): arte mecánica, aquélla en que principalmente se necesita el trabajo manual o el uso de la máquina. (...) 4. Obra humana que expresa simbólicamente, mediante diferentes materias, un aspecto de la realidad, entendida estéticamente: (...) Bellas artes, las que tienen por objeto la expresión de la belleza. (...) artesano, -na (it. artigiano) 1. Persona que ejerce un arte u oficio mecánico. (...) artista 1. Persona que ejercita alguna arte bella 2. Persona dotada de las disposiciones necesarias para el cultivo de una arte bella. (...) # Incorrecto su uso por artesano u obrero. Cuando nos referimos a Arte, solemos referirnos sólo a ciertas manifestaciones del las Bellas artes: pintura, escultura, etc. o de la mixtura entre ellas. Cuando nos referimos a artistas dentro del mundo del Arte, solemos referirnos a pintores, escultores, etc. Cuando hablamos de grabados o estampas nos llama la atención el resultado y luego nos fijamos en la técnica. La obra, la expresión de la belleza, es mérito del artista. La calidad de la técnica es mérito del artesano. La responsabilidad del resultado es del artista, puesto que el artesano ha trabajado a sus órdenes. La firma del artista certifica que el resultado es el imaginado, el creado, el que, a criterio del artista, más se acerca a la expresión de la belleza que quería conseguir. A uno le alegra imaginar que ha vuelto el tiempo de las verdades sencillas. Por eso, si aceptamos esto como verdades, algo que, por otra parte, es aceptado y está en uso en el mercado del Arte en la actualidad, debemos aceptar que el artista es una persona dedicada a la expresión de la belleza y el artesano un fabricante. Luego arte bella es la forma de expresión del ser humano manifestado como artista. El autor del libro verde del que se nos dictaba de niños hubiera tardado toda una vida en redactar su texto si hubiera distinguido entre las diferentes posibilidades que tiene el artista de manifestarse. Una pena porque seguramente no lo habría acabado a tiempo para aquella mañana en el aula. Compositor, poeta, escultor, pintor, etc. son algunas de esas diferentes posibilidades. Aquel artista que se dedica a expresar la belleza por medio de las formas, los colores, las materias, etc., normalmente pintores y escultores, tiene ahora un nuevo elemento para hacerlo: lo digital. Para algunos es el principio de algo. Para otros es el fin de todo. Los hay que piensan que es el principio de todo y el fin de nada. Otros piensan lo contrario, y así todas las probabilidades que da el cálculo matemático. No hay que alegrarse ni asustarse demasiado. Los criterios de valoración deben ser exactamente los mismos: El dibujo, la elección cromática, la poética, la expresividad, la investigación, el criterio del artista, la elección entre las posibilidades, el conocimiento, la decisión en cómo materializar el producto, sobre qué soporte hacerlo, usando qué técnica, en qué formato, etc. Es decir, la expresión de la belleza. Lo digital es, pues, un elemento más en el juego de la expresividad artística. El artista que nos ocupa a la hora de hablar de la estampa digital, es el que se expresa con imágenes. Este artista utiliza los mismos criterios que el pintor de caballete para expresar la belleza, y debe ser valorado por los mismos criterios artísticos. Es verdad que este tipo de artista utiliza unos conocimientos nuevos. Éstos no son otra cosa que los necesarios para ejercer su oficio. Pero eso no es nuevo. Todos los artistas que a lo largo de la historia de la humanidad han expresado la belleza en imágenes se han tenido que servir de unos conocimientos para hacerlo. Pero el hecho de que el artista sea su propio artesano, no le hace mejor ni peor artista. Hay artistas que son marchantes o empresarios de sus propios productos artísticos y no por eso son mejores ni peores artistas. En las mañanas de dictado del aula nos enseñaban a hacer las oes redondas y las tes erguidas apuntando al cielo. Uno, que no se acuerda la última vez que consiguió hacer una o redonda ni una t recta, sabe que eso no es arte bella, sino oficio de calígrafo. Este oficio casi perdido, lo ocupan los ordenadores con una perfección monótona. Antes había sido ocupado por la linotipia, que sustituyó a los tipos móviles de plomo, que lo había hecho con los móviles de madera, que sustituyeron en su día a las tallas de las letras en una sola pieza, que fue lo que en verdad acabó con el oficio de calígrafo. Pero no es lo mismo darle a una tecla y que aparezca una o perfecta, que expresar la belleza usando unos medios que no son sino los conocimientos necesarios para ejercer el oficio de artista. Por eso ¿Qué diferencia hay en que un artista, que por necesidad íntima o encargo externo siente la obligación de expresar la belleza, haga unos bocetos sobre papel, trabaje una riqueza cromática, escoja unos soportes, unas texturas, un formato, una técnica, etc. llegue a unas conclusiones tras, normalmente, mucho trabajo, y, con la ayuda de un artesano, sea éste o no el propio artista, materialice su obra en un taller de estampación bajo su entera supervisión, o que lo haga sirviéndose de los mismos criterios y tomando como poco el mismo número de decisiones pero teniendo la pantalla del ordenador como mesa de trabajo? Ninguna. El artista ha hecho su oficio: expresar la belleza por medio de imágenes y servirse de unos conocimientos para hacerlo. El resultado, responsabilidad total del artista que lo firma, debe ser valorado como siempre, con criterios artísticos y técnicos. Se confunde la arte bella con la arte mecánica y los criterios técnicos de la estampa digital no son suficientemente conocidos por crítica, galeristas y coleccionistas, de ahí el caos y la revolución. No hay que asustarse ni alegrarse demasiado, ya redactará alguien el nuevo código penal. En la feria "Estampa" (esta feria se celebra todos los años en Madrid con bastante éxito) una mujer miraba con atención una estampa colocada en uno de los expositores. Sin parecer darse cuenta, como en un acto reflejo y lentamente, fue torciendo la cabeza, abriendo los ojos y sacando la lengua hasta tocar con su punta la comisura de sus labios. A uno le recordó a aquella mañana de dictado y le hizo pensar que gestos similares tienen significados distintos, porque cada persona, según se haya manifestado en la vida y según el contexto, se expresa de manera distinta. Su gesto reflejaba admiración ¿o desprecio? Sin duda, diálogo con la imagen. El Arte había cumplido su función, atender las necesidades de los sentidos, el pensamiento y el conocimiento. Aquella mujer se parecía ligeramente a nuestra antigua profesora, o a uno se lo pareció. Quizá fuera leve nostalgia. De todos modos uno se sintió alegre al comprobar que, en su diálogo, la técnica no pareció importarle demasiado. Madrid, 2005 Publicado por Jesús Moreno Hidalgo en Artículos Enviar a un amigo IMÁGENES
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